miércoles, 21 de octubre de 2026

ChatGPT y Scratch (MIT)

Sigo sorprendiéndome con las posibilidades de la inteligencia artificial generativa. 

En una clase con estudiantes de secundaria estábamos abordando la creación de videojuegos, sus mecánicas y la “inspiración”: cómo tomar una idea conocida para crear algo propio.

Para mostrar una posibilidad, le pedí a ChatGPT un juego sencillo, basado en la mecánica de Super Mario Bros. La protagonista debía ser una maestra, los libros servirían para sumar puntos y los pupitres serían obstáculos. Quería algo simple, pero visualmente atractivo.


La respuesta fue un videojuego en HTML, CSS y JavaScript: “Profe Saltarina”.


Después se me ocurrió preguntar: ¿Podés hacerlo en Scratch, del MIT?

Quería ver hasta dónde llegaba

ChatGPT me ofreció dos caminos: explicarme paso a paso cómo construirlo o preparar un proyecto descargable.

Elegí que lo preparara. Quería probar qué podía generar y qué encontraría al abrirlo.

Me entregó un archivo .sb3 que pude cargar en Scratch. Allí estaban el escenario, la maestra, los libros, los pupitres y los movimientos básicos.

Era un prototipo. Al probarlo, comprobé que todavía faltaban colisiones, puntaje y otras mecánicas para que funcionara como el juego que había imaginado.


Hasta hace poco esto era imposible. La IAG podía programar en lenguajes tradicionales, pero no en bloques y dejar el proyecto listo para usar.

Lo que me dieron ganas de probar

Mientras lo exploraba, empecé a imaginar propuestas para continuar con los estudiantes:

  • ¿Cómo está programado el movimiento de la maestra?

  • ¿Qué tendríamos que agregar para que tocar un libro sume puntos?

  • ¿Cómo podemos convertir los pupitres en obstáculos?

  • ¿Qué otras reglas podríamos inventar para darle una identidad propia al juego?

  • ¿La lógica es correcta? 

  • ¿Es la única forma de resolverlo?

Son posibilidades que quiero seguir explorando. Me interesa averiguar qué sucede cuando llevamos al aula un proyecto inicial generado con IA y proponemos comprenderlo, ponerlo a prueba y transformarlo.

El juego se abre, la maestra se mueve y puede saltar. Pero ¿hace todo lo que pedimos?

Ahí encuentro una oportunidad para desarrollar el pensamiento crítico: comparar lo que pedimos, lo que la herramienta dice haber hecho y lo que efectivamente ocurre al probarlo. Reconocer qué está resuelto, qué falta y cómo podríamos mejorarlo.

Ese “funciona, pero…” puede ser el comienzo de una investigación con los estudiantes.

Comparto Profe Saltarina en Scratch. Se puede probar, mirar por dentro y usar como punto de partida para hacer una versión propia.

¿Qué desafío les propondrían a sus estudiantes a partir de este prototipo?



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